Crisis de las cadenas de valor: el coronavirus profundiza la desglobalización

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Hay una inercia retórica sobre la globalización que se resiste a desaparecer. El discurso del Consenso de Washington, la idea de que “el mundo es plano” y que la globalización es como un fenómeno de la naturaleza contra el cual es inútil toda oposición, persiste en la visión que tienen sobre el estado actual de la economía mundial aun los líderes más inesperados. Es el caso del nuevo presidente argentino Alberto Fernández, quien durante la campaña electoral de 2019 y tras asumir el 10 de diciembre repitió que “la globalización ha venido para quedarse y es irreversible”.

En estos días, el estallido del coronavirus está demostrando lo contrario. Los datos muestran que la globalización está crujiendo y que en ciertos aspectos está en retroceso. Gobiernos y empresas occidentales ya consideran medidas y están financiando iniciativas para reducir su extrema dependencia de China y otros proveedores asiáticos y reconstruir redes de proveedores nacionales o regionales, en una reversión del proceso de globalización. Está naciendo la desglobalización.

La advertencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de que el mundo enfrenta una posible pandemia colapsó los mercados financieros y al precio del petróleo esta semana. Los cierres de fábricas en China y el caos logístico en el que ingresó el comercio internacional hacen temer un fuerte impacto en la actividad económica mundial. Pero las fábricas eventualmente volverán a trabajar y todo volverá a la normalidad, o al menos ese es el mensaje que intentan transmitir las autoridades chinas.

Sin embargo, el coronavirus podría tener un impacto bastante mayor. Esta vez es diferente. No se trata solamente de un tropiezo en la larga marcha hacia el progreso y el bienestar. Lo que la propagación de un virus está mostrando ahora es la enorme fragilidad de las llamadas cadenas globales de abastecimiento, que constituyen el núcleo central, el corazón de la globalización. Estas redes de producción y distribución de bienes y servicios, que confían en centenares de proveedores en distintas regiones o países fueron construidas por las empresas multinacionales para maximizar ganancias y minimizar ciertos riesgos económicos como cambios tarifarios, cambiarios o impositivos. Pero no están preparadas para riesgos de nuevo tipo, sanitarias o climáticas, por ejemplo.

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